Viaje A La Alhambra

Viaje A La Alhambra

Hacía calor, mucho calor. El hotel estaba junto al río que les separaba del centro de la ciudad, un antiguo monasterio en el que descansar durante las horas más calurosas del día hasta que llegara una hora más llevadera. Pero ni la noche servía de alivio, y en cuanto podían, buscaban locales acondicionados donde descansar tras cada actividad lúdica o cultural del día, y tomar un refrescante cóctel en el calor de la noche.

La Alhambra estaba bien, pero no les impresionó más allá de la propia leyenda, que la rodeaba de una aureola que no se parecía mucho a la realidad de ese momento. Podrían imaginarse todas las cosas que allí sucedieron durante sus años de esplendor, antes de que los Reyes Católicos conquistaran la ciudad tras la rendición de Boabdil "el Chico" (Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre, le decía su madre), poniendo fin así a la Reconquista del país, expulsando a los árabes, que durante casi ocho siglos llenaron la península de cultura.

Dice la leyenda que los habitantes cristianos debían pagar a los conquistadores árabes cien doncellas al año, cincuenta nobles y cincuenta plebeyas. No parece que eso fuera cierto, pero sí tomaban a las mujeres como concubinas y a los hombres como esclavos, aunque no como un humillante tributo, sino como un simple botín de guerra, costumbre habitual de aquella época en todos los bandos.

Así que, realidad o leyenda, pasear por la Alhambra suponía poder recrear imágenes de genios, alfombras voladoras, zocos, cuevas con tesoros inmensos, harenes, jardines, ingenieros, matemáticos, poetas, guerreros... que la imaginación es libre y puede poner todo el adorno que le falte a la realidad. “Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada”, le decía un poeta mexicano a su esposa durante su viaje de novios, al encontrarse con una persona invidente.

Sí les llamó la atención, sin embargo, el romántico "Paseo de los Tristes", que discurre junto al pequeño río que abraza el paraje sobre el que se alza la Alhambra, llamado así por ser antiguamente el lugar de paso de los cortejos fúnebres hacia el cementerio. Entrañables comercios y terrazas con vistas a la majestuosa construcción nazarí, adornan el entrañable camino que disfrutaron varias veces, cada día más enamorados.

En el Sacromonte, una barriada del Albaicín con fantásticas vistas a la Alhambra, y cuna del flamenco, pudieron asistir a una zambra, un estilo de cante y baile gitano que se puede disfrutar en sus famosas casas-cueva. Aquella zona fue la que inspiró el
Romancero Gitano al poeta español Federico García Lorca. Cuando volvieron por la noche al hotel, se entregaron a la poesía recreando alguno de sus versos: "Aquella noche corrí el mejor de los caminos, montado en potra de nácar, sin bridas y sin estribos".

Los siguientes días disfrutaron despacio, entre risas y abrazos, de todos los rincones, terrazas y restaurantes de la ciudad. Y visitaron también la capilla adosada a la catedral donde se encuentra la cripta en la que se pueden ver los féretros de los Reyes Católicos, junto a los de su hija Juana la Loca y su marido Felipe el Hermoso. Como debió sentirse Napoleón cuando les dijo a sus soldados durante la campaña de Egipto "desde lo alto de estas pirámides cuarenta siglos os contemplan", así se sintieron ellos al contemplar los sarcófagos de los Reyes Católicos en la ciudad que conquistaron, poniendo fin así a la ocupación nazarí.

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Es tu risa mi música mejor.