Acecha La Muerte
Te irás, en lo mejor de la vida tal vez, o tarde quizá, cuando hace tiempo que debiste haberte ido ya.
Después de un tiempo en barbecho, alguien volverá a horadar el jardín de la viuda.
El divorciado volverá a regar nuevas tierras sin dueño, que todo el mundo se ha mudado a la ciudad de la libertad y hay muchas tierras por arar.
El empleado despedido será sustituido, o no, y todo en la empresa seguirá igual, sin que nada ni nadie le eche de menos.
Los jóvenes se harán viejos sin saber que en realidad nunca tuvieron futuro y sin haber aprendido nada porque creían saberlo todo, con su estulticia pegada a su smartphone.
Acecha la muerte, burlona, no tiene prisa ni sentido de la oportunidad.
Y tú, haciendo planes sólo para sobrevivir, librando batallas ajenas, entretenido en discusiones vacuas sin separar el trigo de la paja y la paja del polvo, sin hacer nada trascendente, sin darle consistencia a la vida mientras dure.
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"Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido y acabado
si juzgamos sabiamente
daremos lo no venido por pasado".
Gato Encerrado
Gato Encerrado
Recuerdo perfectamente aquel día, el día en que me nombraron presidente de la Comunidad de Vecinos de mi portal. Yo me encargaría durante todo un año de todas las gestiones y de todos los marrones de la escalera, mientras mis vecinos se dedicarían a sus cosas con total tranquilidad. Pero yo sería el encargado de trabajar de manera altruista por el bien de la Comunidad, y eso era una labor encomiable.
Acabamos de tener Elecciones en el país. Hay partidos que han ganado y otros que han perdido. Los que han ganado lo celebran por todo lo alto, y los que han perdido dicen que se pondrán a trabajar desde este mismo instante para ganar en las próximas Elecciones.
Cuando me nombraron presidente de la Comunidad de Vecinos no me alegré en absoluto, nadie me felicitó y yo no salí por las calles vociferando mi triunfo, porque pensé que trabajar por la Comunidad no era un premio personal, como el que gana un concurso de Pasapalabra o Eurovisión, sino un sacrificio, un trabajo duro en favor de la Comunidad.
Tanto festejo, tanta alegría por parte de los ganadores... y tanta tristeza por parte de los perdedores... hay algo que no entiendo.
Aquí hay gato encerrado.
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Si quieres ir deprisa, vete solo.
Si quieres llegar lejos, viaja acompañado.
Recuerdo perfectamente aquel día, el día en que me nombraron presidente de la Comunidad de Vecinos de mi portal. Yo me encargaría durante todo un año de todas las gestiones y de todos los marrones de la escalera, mientras mis vecinos se dedicarían a sus cosas con total tranquilidad. Pero yo sería el encargado de trabajar de manera altruista por el bien de la Comunidad, y eso era una labor encomiable.
Acabamos de tener Elecciones en el país. Hay partidos que han ganado y otros que han perdido. Los que han ganado lo celebran por todo lo alto, y los que han perdido dicen que se pondrán a trabajar desde este mismo instante para ganar en las próximas Elecciones.
Cuando me nombraron presidente de la Comunidad de Vecinos no me alegré en absoluto, nadie me felicitó y yo no salí por las calles vociferando mi triunfo, porque pensé que trabajar por la Comunidad no era un premio personal, como el que gana un concurso de Pasapalabra o Eurovisión, sino un sacrificio, un trabajo duro en favor de la Comunidad.
Tanto festejo, tanta alegría por parte de los ganadores... y tanta tristeza por parte de los perdedores... hay algo que no entiendo.
Aquí hay gato encerrado.
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Si quieres ir deprisa, vete solo.
Si quieres llegar lejos, viaja acompañado.
Tan Cerca, Tan Lejos
Tan Cerca, Tan Lejos
No hace mucho asistí a una conferencia sobre la Novela Negra como género literario. Suelo asistir a todos los eventos literarios que puedo, y en esa ocasión la conferenciante era una joven escritora guipuzcoana de Novela Negra y relatos infantiles, combinación más frecuente de lo que pueda parecer, según nos dijo.
Decía que sus novelas estaban ambientadas en su propia ciudad porque era un entorno que conocía bien, un entorno con el que sus lectores podían sentirse familiarizados. "¡Quién no conoce a algún traficante de drogas!", decía la escritora. Su sorpresa fue mayúscula cuando comprobó que nadie en la sala había conocido nunca a ningún traficante de drogas a pesar de vivir en el mismo entorno geográfico que ella.
Con diecinueve años me reclutaron para hacer el Servicio Militar en la Armada Española. Lo primero que hacen nada más llegar al cuartel es rapar el pelo y vestir a todos los reclutas igual. Más de mil jóvenes de entre diecinueve y veinte años con el mismo uniforme y el mismo corte de pelo, que deja en evidencia unas enormes y despegadas orejas, una nariz repentinamente prominente y una inevitable cara de idiota. Y temor. Con sus gritos y sus normas, que por lo visto debías conocer aunque nadie te las hubiera explicado, su objetivo era atemorizar a los reclutas para así hacerles más receptivos y obedientes.
La convivencia cercana, muy cercana, veinticuatro horas al día, era inevitable. Éramos más de mil jóvenes de todas las provincias y de todos los niveles sociales, desprovistos de pronto de nuestra anterior identidad, vestidos de la misma manera, con el mismo corte de pelo, y con el mismo miedo. Allí no había privilegios, y el que era hijo de papá era igual que el que era hijo de un trabajador del Metal.
Cada uno a solas con su misma mismidad, desprovistos todos de cualquier adorno social que pudiera ocultar su verdadera identidad, comprobé con horror que el noventa por ciento de la población española era deficitaria mental. ¡Cómo vamos a hacer así una revolución social!
¿Dónde estaba antes toda aquella gente que yo no había visto jamás?
Si tan normal era conocer a proxenetas, traficantes de drogas y jóvenes adocenados, ¿por qué nunca me había tropezado con ninguno de ellos?
Podemos vivir en la misma ciudad, en el mismo entorno, muy cerca... y tan lejos al mismo tiempo.
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"En el bosque divergían dos caminos, y yo tomé el menos transitado".
No hace mucho asistí a una conferencia sobre la Novela Negra como género literario. Suelo asistir a todos los eventos literarios que puedo, y en esa ocasión la conferenciante era una joven escritora guipuzcoana de Novela Negra y relatos infantiles, combinación más frecuente de lo que pueda parecer, según nos dijo.
Decía que sus novelas estaban ambientadas en su propia ciudad porque era un entorno que conocía bien, un entorno con el que sus lectores podían sentirse familiarizados. "¡Quién no conoce a algún traficante de drogas!", decía la escritora. Su sorpresa fue mayúscula cuando comprobó que nadie en la sala había conocido nunca a ningún traficante de drogas a pesar de vivir en el mismo entorno geográfico que ella.
Con diecinueve años me reclutaron para hacer el Servicio Militar en la Armada Española. Lo primero que hacen nada más llegar al cuartel es rapar el pelo y vestir a todos los reclutas igual. Más de mil jóvenes de entre diecinueve y veinte años con el mismo uniforme y el mismo corte de pelo, que deja en evidencia unas enormes y despegadas orejas, una nariz repentinamente prominente y una inevitable cara de idiota. Y temor. Con sus gritos y sus normas, que por lo visto debías conocer aunque nadie te las hubiera explicado, su objetivo era atemorizar a los reclutas para así hacerles más receptivos y obedientes.
La convivencia cercana, muy cercana, veinticuatro horas al día, era inevitable. Éramos más de mil jóvenes de todas las provincias y de todos los niveles sociales, desprovistos de pronto de nuestra anterior identidad, vestidos de la misma manera, con el mismo corte de pelo, y con el mismo miedo. Allí no había privilegios, y el que era hijo de papá era igual que el que era hijo de un trabajador del Metal.
Cada uno a solas con su misma mismidad, desprovistos todos de cualquier adorno social que pudiera ocultar su verdadera identidad, comprobé con horror que el noventa por ciento de la población española era deficitaria mental. ¡Cómo vamos a hacer así una revolución social!
¿Dónde estaba antes toda aquella gente que yo no había visto jamás?
Si tan normal era conocer a proxenetas, traficantes de drogas y jóvenes adocenados, ¿por qué nunca me había tropezado con ninguno de ellos?
Podemos vivir en la misma ciudad, en el mismo entorno, muy cerca... y tan lejos al mismo tiempo.
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"En el bosque divergían dos caminos, y yo tomé el menos transitado".
Malos Hombres
Malos Hombres
Me he cruzado con una mujer joven, bastante guapa y con buen aspecto. Iba de la mano con su hija pequeña, una niña preciosa de unos cinco o seis años, le calculo.
Venían hacia mí, andando despacio y charlando amigablemente entre ellas. Una imagen entrañable.
Al llegar a mi altura puedo oír parte de la conversación que se traían madre e hija.
-No estés triste, mamá.
-No estoy triste, lo que estoy es muy enfadada contigo.
-No te enfades, mamá.
-!Ya verán cuando venga tu padre y le diga cómo me has contestado!
Y en ese punto me pierdo lo que en la distancia me pareció una entrañable conversación entre madre e hija, porque ellas siguen su camino y yo sigo el mío en sentido contrario.
Imagino al padre, que si sigue la línea de la madre y de la hija, será sin duda un buen hombre con buen aspecto y trato educado. Estará deseando llegar a casa para besar a su mujer y abrazar a su hija, que correrá alborozada por el pasillo para colgarse de su cuello en cuanto le vea entrar por la puerta de casa.
Imagino a la niña, temiendo oír el ruido de las llaves abriendo la puerta y ver aparecer a ese padre que la va a reñir por haber hecho enfadar a su madre.
Imagino a la madre, contándole al padre que su hija le ha contestado mal en algún momento del día, y le instará a que saque el ogro que lleva dentro para que riña severamente a esa niña de pelo rubito que me pareció adorable y preocupada por ver a su madre triste y enfadada.
El padre se verá en la obligación de reñir a su hija por no sabe qué, porque si no lo hace esa noche cenará morros.
La hija ya no se alegrará de que llegue la hora de ver a su adorado padre, porque se ha convertido en un ogro castigador.
Y la madre... no sé cómo se sentirá la madre. Su marido haciendo el papel de malo, cuando lo único que deseaba era llegar a casa para disfrutar del su mujer y de su hija. Su hija temiendo que llegue su padre porque es ese señor que la riñe al llegar a casa...
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Por San Valentín, me gustaría ver menos órdenes de alejamiento y más órdenes de acercamiento.
Me he cruzado con una mujer joven, bastante guapa y con buen aspecto. Iba de la mano con su hija pequeña, una niña preciosa de unos cinco o seis años, le calculo.
Venían hacia mí, andando despacio y charlando amigablemente entre ellas. Una imagen entrañable.
Al llegar a mi altura puedo oír parte de la conversación que se traían madre e hija.
-No estés triste, mamá.
-No estoy triste, lo que estoy es muy enfadada contigo.
-No te enfades, mamá.
-!Ya verán cuando venga tu padre y le diga cómo me has contestado!
Y en ese punto me pierdo lo que en la distancia me pareció una entrañable conversación entre madre e hija, porque ellas siguen su camino y yo sigo el mío en sentido contrario.
Imagino al padre, que si sigue la línea de la madre y de la hija, será sin duda un buen hombre con buen aspecto y trato educado. Estará deseando llegar a casa para besar a su mujer y abrazar a su hija, que correrá alborozada por el pasillo para colgarse de su cuello en cuanto le vea entrar por la puerta de casa.
Imagino a la niña, temiendo oír el ruido de las llaves abriendo la puerta y ver aparecer a ese padre que la va a reñir por haber hecho enfadar a su madre.
Imagino a la madre, contándole al padre que su hija le ha contestado mal en algún momento del día, y le instará a que saque el ogro que lleva dentro para que riña severamente a esa niña de pelo rubito que me pareció adorable y preocupada por ver a su madre triste y enfadada.
El padre se verá en la obligación de reñir a su hija por no sabe qué, porque si no lo hace esa noche cenará morros.
La hija ya no se alegrará de que llegue la hora de ver a su adorado padre, porque se ha convertido en un ogro castigador.
Y la madre... no sé cómo se sentirá la madre. Su marido haciendo el papel de malo, cuando lo único que deseaba era llegar a casa para disfrutar del su mujer y de su hija. Su hija temiendo que llegue su padre porque es ese señor que la riñe al llegar a casa...
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Por San Valentín, me gustaría ver menos órdenes de alejamiento y más órdenes de acercamiento.
Rosa Y Espina
Rosa Y Espina
Amor y belleza, lujuria y pasión.
Bruja, madre, puta, virginal.
Todo sublime, todo lo quiero,
sin poner ni quitar.
Sacerdotisa del amor, inspiradora de sueños,
dueña del pecado, locura y maldad.
Ladrona de corazones, torturadora de almas,
cordura y misterio, tormenta y paz.
De su poder para crear vida no quiero hablar
porque esa es magia que escapa a mi entendimiento.
Por ella se hace la guerra, y poesía también.
Por conocer sus secretos perdemos el Norte.
Por encallar en sus costas perdemos el Sur.
Qué tendrá ella, rosa y espina, perfidia y bondad.
Su grandeza empequeñece al hombre vulgar
que pretende -zafio- someter, en lugar de conquistar.
Qué misterio tendrá, con su risa hechicera,
con ese satánico ritmo al caminar.
Amor y belleza, lujuria y pasión.
Bruja, madre, puta, virginal.
Todo sublime, todo lo quiero,
sin poner ni quitar.
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¡Qué bonito día haces!
Llegó Navidad
Llegó Navidad
"Qué triste es andar en la vida por senda perdida, lejos de hogar, sin oír una voz cariñosa que diga amorosa: llegó Navidad".
Añora quien se queda. Quien se va añora más. Añora las risas, añora la gente, añora la vida normal. Tanta mar, tanto aliento, tantas noches para recordar. Las manos frías y la piel mojada ¡pero qué más da, ya pronto va a regresar! El café caliente anticipa lo que pronto vendrá: abrazos, risas, emociones... tal vez más.
Ya se ve la Virgen, guardiana del puerto... ¡qué guapa está! Es la Virgen del Carmen que arropa con su manto unos días de felicidad.
Y allí está ella brillando en la noche. Si la Virgen está guapa, ella lo está más.
Esperando en el muelle con su enorme sonrisa de Este a Oeste. Y otra secreta, íntima, impaciente, de Norte a Sur. Entonces corre a su encuentro con los brazos abiertos, como hermosa rosa de los vientos. Los días de tormenta, de esfuerzo y soledad tocan ya a su fin.
Un abrazo silencioso, no hace falta hablar, dos cuerpos que se encuentran, como la arena y el mar.
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Pienso en ti y sonrío. Te miro y sonrío. Te abrazo... y no necesito más.
"Qué triste es andar en la vida por senda perdida, lejos de hogar, sin oír una voz cariñosa que diga amorosa: llegó Navidad".
Añora quien se queda. Quien se va añora más. Añora las risas, añora la gente, añora la vida normal. Tanta mar, tanto aliento, tantas noches para recordar. Las manos frías y la piel mojada ¡pero qué más da, ya pronto va a regresar! El café caliente anticipa lo que pronto vendrá: abrazos, risas, emociones... tal vez más.
Ya se ve la Virgen, guardiana del puerto... ¡qué guapa está! Es la Virgen del Carmen que arropa con su manto unos días de felicidad.
Y allí está ella brillando en la noche. Si la Virgen está guapa, ella lo está más.
Esperando en el muelle con su enorme sonrisa de Este a Oeste. Y otra secreta, íntima, impaciente, de Norte a Sur. Entonces corre a su encuentro con los brazos abiertos, como hermosa rosa de los vientos. Los días de tormenta, de esfuerzo y soledad tocan ya a su fin.
Un abrazo silencioso, no hace falta hablar, dos cuerpos que se encuentran, como la arena y el mar.
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Pienso en ti y sonrío. Te miro y sonrío. Te abrazo... y no necesito más.
Nueve Mágico
Nueve Mágico
Qué tendrá el número nueve que hasta griegos y egipcios lo utilizaban como canon de belleza para representar a los dioses, en contraposición al canon de las siete cabezas, que es la proporción del cuerpo de los seres humanos corrientes.
Nueve orificios tiene el cuerpo humano.
Nueve meses dura un embarazo.
Nueve planetas tiene nuestro sistema solar.
Científicos, filósofos, músicos… la religión, la numerología y la mitología de todas las épocas y países han visto en el número nueve algo misterioso y mágico.
Incluso cuando éramos pequeños nos enseñaban a hacer la prueba del nueve para comprobar que nuestros cálculos eran correctos.
9 x 1= 9
9 x 2=18 (1+8=9)
9 x 3=27 (2+7=9)
9 x 4=36 (3+6=9)
9 x 5=45 (4+5=9)
9 x 6=54 (5+4=9)
9 x 7=63 (6+3=9)
9 x 8=72 (7+2=9)
9 x 9=81 (8+1=9)
9 x 10=90 (9+0=9)
1+2+3+4+5+6+7+8+9=45 (4+5=9)
360º=3+6+0=9
24 horas = 86.400 segundos 8+6+4+0+0=18 (1+8=9)
Parecidas curiosidades matemáticas se producen también con sus hermanos menores, el 6 y el 3, que sumados dan 9.
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“Si supieras la magnificencia de los números 3, 6 y 9, tendrías la llave del Universo” (Nikola Tesla).
Qué tendrá el número nueve que hasta griegos y egipcios lo utilizaban como canon de belleza para representar a los dioses, en contraposición al canon de las siete cabezas, que es la proporción del cuerpo de los seres humanos corrientes.
Nueve orificios tiene el cuerpo humano.
Nueve meses dura un embarazo.
Nueve planetas tiene nuestro sistema solar.
Científicos, filósofos, músicos… la religión, la numerología y la mitología de todas las épocas y países han visto en el número nueve algo misterioso y mágico.
Incluso cuando éramos pequeños nos enseñaban a hacer la prueba del nueve para comprobar que nuestros cálculos eran correctos.
9 x 1= 9
9 x 2=18 (1+8=9)
9 x 3=27 (2+7=9)
9 x 4=36 (3+6=9)
9 x 5=45 (4+5=9)
9 x 6=54 (5+4=9)
9 x 7=63 (6+3=9)
9 x 8=72 (7+2=9)
9 x 9=81 (8+1=9)
9 x 10=90 (9+0=9)
1+2+3+4+5+6+7+8+9=45 (4+5=9)
360º=3+6+0=9
24 horas = 86.400 segundos 8+6+4+0+0=18 (1+8=9)
Parecidas curiosidades matemáticas se producen también con sus hermanos menores, el 6 y el 3, que sumados dan 9.
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“Si supieras la magnificencia de los números 3, 6 y 9, tendrías la llave del Universo” (Nikola Tesla).
Galileo
Galileo
Hay una opinión oficial en cada época, en cada zona y en cada colectivo. Esa opinión oficial se convierte en "opinión general" gracias a la presión de los dirigentes, que señalan a los disidentes y azuzan a las bases para que se lancen contra ellos con patente de corso.
Esto ha sido así a lo largo de los tiempos y nada ha cambiado. Hasta hace no mucho te lapidaban -y todavía se hace en países poco avanzados- si decías que había más de dos sexos. Ahora, en los países avanzados te lapidan si no reconoces que hay muchos más, tantos como cada uno quiera. Defender lo obvio ha sido y es una actividad de riesgo si no coincide con la opinión oficial que dictan los dirigentes en cada momento y que asumen entusiasmados los que llegaron tarde al reparto de cerebros.
Si opinas que un policía uniformado no puede ir con greñas, sin afeitar, con tatuajes, piercings, pendientes y aspecto de delincuente, siempre hay corporativistas indignados dispuestos a morderte la yugular. Si opinas que un hombre no puede ser nombrado la mujer más guapa del país, por razones obvias, hordas de indignados saltan furiosos sobre ti. Lo más cómodo y seguro es no pensar, sino bailar al ritmo variable e interesado de la opinión oficial. ¡Y sin embargo se mueve! que diría Galileo.
Y entonces oyes el sempiterno "¡¡¡esa será tu opinión!!!", dicho esto con tono indignado y amenazante, como si fuera un delito tener opinión. Los testigos permanecen expectantes hasta asegurarse de que hay "quorum" suficiente para decidir si es mejor defender lo obvio o permanecer callados, a la vista de la furibunda reacción de esa caterva de indignados acólitos de la oficialidad. Tú aclaras que esa es sólo tu opinión, sin pretender sentar cátedra, y entonces alguien vuelve a insistir "¡¡¡ya, pero esa es sólo tu opinión!!!". Y para darle un toque intelectual a su intento de represión, añade: "las opiniones son como los culos, que todo el mundo tiene uno".
Y ahí ya no puedes callarte. Puede que tengas que callarte que es la Tierra la que se mueve alrededor del Sol y no al revés, como aseveraban los coetáneos de Galileo, si con ello evitas ir a prisión. Tú admites que esa es sólo tu opinión y que tienes derecho a expresarla, del mismo modo que él tiene derecho a expresar la suya, pero en lo de las opiniones y los culos, ahí no te puedes callar. Hay tantas opiniones como cerebros, pero no hay tantas opiniones como culos. Quien tiene un cerebro tiene una opinión (un cerebro, una opinión). Pero todos los que aceptan la opinión general sin análisis, tienen culo pero no opinión (muchos culos, una opinión).
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En el bosque divergían dos caminos, y yo tomé el menos transitado.
Hay una opinión oficial en cada época, en cada zona y en cada colectivo. Esa opinión oficial se convierte en "opinión general" gracias a la presión de los dirigentes, que señalan a los disidentes y azuzan a las bases para que se lancen contra ellos con patente de corso.
Esto ha sido así a lo largo de los tiempos y nada ha cambiado. Hasta hace no mucho te lapidaban -y todavía se hace en países poco avanzados- si decías que había más de dos sexos. Ahora, en los países avanzados te lapidan si no reconoces que hay muchos más, tantos como cada uno quiera. Defender lo obvio ha sido y es una actividad de riesgo si no coincide con la opinión oficial que dictan los dirigentes en cada momento y que asumen entusiasmados los que llegaron tarde al reparto de cerebros.
Si opinas que un policía uniformado no puede ir con greñas, sin afeitar, con tatuajes, piercings, pendientes y aspecto de delincuente, siempre hay corporativistas indignados dispuestos a morderte la yugular. Si opinas que un hombre no puede ser nombrado la mujer más guapa del país, por razones obvias, hordas de indignados saltan furiosos sobre ti. Lo más cómodo y seguro es no pensar, sino bailar al ritmo variable e interesado de la opinión oficial. ¡Y sin embargo se mueve! que diría Galileo.
Y entonces oyes el sempiterno "¡¡¡esa será tu opinión!!!", dicho esto con tono indignado y amenazante, como si fuera un delito tener opinión. Los testigos permanecen expectantes hasta asegurarse de que hay "quorum" suficiente para decidir si es mejor defender lo obvio o permanecer callados, a la vista de la furibunda reacción de esa caterva de indignados acólitos de la oficialidad. Tú aclaras que esa es sólo tu opinión, sin pretender sentar cátedra, y entonces alguien vuelve a insistir "¡¡¡ya, pero esa es sólo tu opinión!!!". Y para darle un toque intelectual a su intento de represión, añade: "las opiniones son como los culos, que todo el mundo tiene uno".
Y ahí ya no puedes callarte. Puede que tengas que callarte que es la Tierra la que se mueve alrededor del Sol y no al revés, como aseveraban los coetáneos de Galileo, si con ello evitas ir a prisión. Tú admites que esa es sólo tu opinión y que tienes derecho a expresarla, del mismo modo que él tiene derecho a expresar la suya, pero en lo de las opiniones y los culos, ahí no te puedes callar. Hay tantas opiniones como cerebros, pero no hay tantas opiniones como culos. Quien tiene un cerebro tiene una opinión (un cerebro, una opinión). Pero todos los que aceptan la opinión general sin análisis, tienen culo pero no opinión (muchos culos, una opinión).
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En el bosque divergían dos caminos, y yo tomé el menos transitado.
Robot
Robot
Ya pasaron los tiempos de los grandes centros de trabajo autárquicos en los que los trabajadores de una docena de empresas podían paralizar todo un país para hacer reivindicaciones económicas, laborales, sociales o políticas. Los empresarios aprendieron a dividir el riesgo compartimentando los centros de producción, subcontratando los trabajos a empresas externas y mecanizando en la medida de lo posible todos los procesos productivos. Máquinas automáticas y robots de todo tipo han ido ocupando poco a poco puestos de trabajo que antes hacían los humanos. La palabra robot viene del checo "robota", que significa "trabajo duro" o "servidumbre".
Un cajero automático es más eficaz y normalmente más amable que el empleado que hay detrás del mostrador del banco.
Sucede lo mismo con el surtidor de gasolina, el sistema automático de pago con tarjeta de crédito en el peaje de la autopista, el autoservicio del supermercado o la tienda on-line. Si puedes entenderte con una máquina, mucho mejor.
La empleada de ese gran almacén del bricolaje que te contesta sin acierto y sin mirarte siquiera mientras hace “su trabajo”, ignorando que su trabajo eres tú.
La empleada del supermercado que te pide que le cedas el paso porque está reponiendo productos y considera que su prisa es más importante que la tuya.
El empleado del banco que te atiende con una desidia que parece que le deben y no le pagan.
El empleado del peaje de la autopista que te “atiende” mientras charla con la empleada de la garita contigua y te da las vueltas y el ticket sin ni siquiera mirarte…
“Está usted repostando gasolina súper”, “Muchas gracias por su visita”, “Su tabaco, gracias”… las máquinas son más eficaces, más eficientes, no se cansan… y normalmente hasta son más amables.
La incompetencia generalizada y la falta de educación tan extendida hoy en día, hacen que cada vez más gente, siempre que esta opción sea posible, prefiera ser atendida por una máquina antes que por una persona. Las empresas también prefieren realizar sus trabajos con máquinas siempre que esto sea posible, y cada vez lo es en más tareas.
El sistema de alarma de tu casa te reconoce y te saluda amablemente al entrar, algo que no siempre sucede con los inquilinos humanos que habitan en ella.
Hasta se fabrican robots sexuales, que en no mucho tiempo serán mucho más eficientes y deseables que sus equivalentes humanos.
Que los robots dejen de ser sólo una ayuda para hacer los trabajos más pesados o rutinarios y lleguen a convertirse en algo necesario para todo debido a la progresiva degradación de la especie humana, es sólo responsabilidad de los humanos.
Las guerras, la delincuencia, la política, la justicia…
Claro que también hay poetas, y es que hay humanos y hay humanos.
Leí no hace mucho que el 80% de la población mundial es perfectamente prescindible. Pues eso.
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Ya pasaron los tiempos de los grandes centros de trabajo autárquicos en los que los trabajadores de una docena de empresas podían paralizar todo un país para hacer reivindicaciones económicas, laborales, sociales o políticas. Los empresarios aprendieron a dividir el riesgo compartimentando los centros de producción, subcontratando los trabajos a empresas externas y mecanizando en la medida de lo posible todos los procesos productivos. Máquinas automáticas y robots de todo tipo han ido ocupando poco a poco puestos de trabajo que antes hacían los humanos. La palabra robot viene del checo "robota", que significa "trabajo duro" o "servidumbre".
Un cajero automático es más eficaz y normalmente más amable que el empleado que hay detrás del mostrador del banco.
Sucede lo mismo con el surtidor de gasolina, el sistema automático de pago con tarjeta de crédito en el peaje de la autopista, el autoservicio del supermercado o la tienda on-line. Si puedes entenderte con una máquina, mucho mejor.
La empleada de ese gran almacén del bricolaje que te contesta sin acierto y sin mirarte siquiera mientras hace “su trabajo”, ignorando que su trabajo eres tú.
La empleada del supermercado que te pide que le cedas el paso porque está reponiendo productos y considera que su prisa es más importante que la tuya.
El empleado del banco que te atiende con una desidia que parece que le deben y no le pagan.
El empleado del peaje de la autopista que te “atiende” mientras charla con la empleada de la garita contigua y te da las vueltas y el ticket sin ni siquiera mirarte…
“Está usted repostando gasolina súper”, “Muchas gracias por su visita”, “Su tabaco, gracias”… las máquinas son más eficaces, más eficientes, no se cansan… y normalmente hasta son más amables.
La incompetencia generalizada y la falta de educación tan extendida hoy en día, hacen que cada vez más gente, siempre que esta opción sea posible, prefiera ser atendida por una máquina antes que por una persona. Las empresas también prefieren realizar sus trabajos con máquinas siempre que esto sea posible, y cada vez lo es en más tareas.
El sistema de alarma de tu casa te reconoce y te saluda amablemente al entrar, algo que no siempre sucede con los inquilinos humanos que habitan en ella.
Hasta se fabrican robots sexuales, que en no mucho tiempo serán mucho más eficientes y deseables que sus equivalentes humanos.
Que los robots dejen de ser sólo una ayuda para hacer los trabajos más pesados o rutinarios y lleguen a convertirse en algo necesario para todo debido a la progresiva degradación de la especie humana, es sólo responsabilidad de los humanos.
Las guerras, la delincuencia, la política, la justicia…
Claro que también hay poetas, y es que hay humanos y hay humanos.
Leí no hace mucho que el 80% de la población mundial es perfectamente prescindible. Pues eso.
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La
crueldad es uno de los placeres más antiguos de la humanidad.
(Friedrich
Nietzsche)
Rompeolas
Rompeolas
Ese
mar inmenso en el que se inició la vida, ese mar poderoso que nos
asombra con su majestuosidad, ese mar bello que nos llena el alma de
paz… a veces se enoja y se acerca hasta la costa con ímpetu
desatado para vengarse de quienes tan mal le pagan arrojando en él
todos los detritus que producen.Entonces ellos construyen grandes muelles para proteger sus yates, sus residencias, sus chiringuitos, sus empresas, sus medios de comunicación, su modo de vida… pero la fuerza de las olas es imparable.
Una ola es una gran cantidad de agua formada por millones de gotas, unidas de tal manera que no hay muelle que la detenga. Entonces ellos deciden reforzar los muelles que les protegen, y diseñan un sistema que consigue romper esas olas que reclaman en nombre del mar su derecho a vivir con dignidad.
La solución es construir miles de bloques de piedra, todos ellos iguales y tallados con afiladas aristas capaces de romper cualquier ola en mil pedazos. Esas piedras se colocan frente al muelle, de manera que son ellas las que sufren las embestidas de las olas, protegiendo de esa manera, no sólo a sus constructores, sino también al propio muelle, que puede llevar así una vida relativamente tranquila.
La eficacia del sistema consiste en que está formado por miles de obtusas piedras con vivas aristas y colocadas en estudiado desorden, de manera que si una ola no se rompe contra una arista, es seguro que se rompe contra alguna de las otras. Cada piedra es única a su manera, ya que a pesar de estar todas ellas cortadas por el mismo patrón, sus dueños las han orientado de maneras distintas para que se sientan orgullosas de sus impostados hechos diferenciales.
Estar juntas no las hace sin embargo amigas, ya que entre ellas se clavan unas a otras sus agudas esquinas para defender su derecho a un subvencionado hueco en el sistema, pero mientras reivindican su singularidad, hacen sin saberlo el trabajo sucio que correspondería hacer al muelle.
Es más triste que hacerse un selfie ver cómo las indignadas piedras esgrimen sus coloridas reivindicaciones contra las olas, y no contra el sistema que las ha colocado ahí, haciéndoles creer que son ellas sus enemigos.
A veces, pequeñas partes de las olas ya rotas consiguen traspasar la barrera de piedras y alcanzan el muelle protector, que se deshace fácilmente de ellas armado con sus leyes, sus togas y sus porras, permitiendo con ello que sus propietarios sigan viviendo plácidamente, ajenos por completo a la cotidiana realidad del mar.
Cuando las aristas se desgastan por el paso del tiempo, los constructores sustituyen las piedras por otras nuevas con renovados ángulos identitarios, deshaciéndose de las viejas, que Roma no paga traidores.
Del monte ha de venir la obtusa piedra que ha de romper el mar.
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