Brecha De Género

Brecha De Género

El trabajo os hará libres, dice el cartel de bienvenida del campo de concentración de Auschwitz.

Cuando trabajas, antes de que hayas cobrado la nómina ya te han quitado un 30 % de tu salario (IRPF, Seguridad Social).
Cuando compras cosas, te quitan hasta un 21 % del dinero que creías que te habían dejado para ti (IVA).
Además, en muchos otros productos te cobran impuestos especiales de hasta el 50 % de su valor (electricidad, carburante, alcohol, tabaco, etc.).
Si has comprado una vivienda con el dinero que todavía no te han quitado, te vuelven a cobrar otro 10 % (IBI, IVA).
Si te queda algún dinero para guardar en el banco, vuelven a cobrarte hasta un 25 % del beneficio que produzca (IRPF).
Si dejas tus pertenencias a tus hijos como herencia, vuelven a cobrarte hasta un 30 % (sucesiones y donaciones).

En resumen:
Como estimación general, podría decirse que entre un 40 % y un 60 % de la riqueza generada con tu trabajo acaba destinándose, directa o indirectamente, al pago de impuestos y cotizaciones, aunque el porcentaje exacto depende de varios factores, como el nivel de ingresos, el tipo de consumo, la comunidad autónoma de residencia y el patrimonio de cada persona.

Empleados públicos (uno por cada 13 habitantes / un 15 % de la población activa):
Sanidad pública 22 %
Educación pública 19 %
Administración autonómica 18 %
Administración local 17 %
Administración General del Estado 12 %
Fuerzas Armadas 3 %
Guardia Civil 2 %
Policía Nacional 2 %
Policías autonómicas y locales 3 %
Políticos (80.000) + asesores (40.000) + chiringuitos

Mientras tanto, los medios de comunicación y propaganda, generalmente dirigidos por bufones y gogós con ínfulas de periodistas para darle un toque divertido a la tragedia, son los encargados de transmitir la ideología oficial para mantener al rebaño en el redil y que nadie se atreva a saltar la verja, a riesgo de ser tildado de cosas horribles. "Con un poco de azúcar, esa píldora que os dan entrará mejor", dice la canción. 


Pregonan con impostada autoridad moral que tu hogar es un lugar del que te tienes que liberar, y que tus hijos son una carga que hay que repartir o delegar. No disfrutas de tu hogar, sino que lo sufres porque lo tienes que limpiar. No disfrutas de tus hijos, sino que los sufres porque los tienes que cuidar. Y tu pareja no es tu aliado, sino tu adversario, que se quiere escaquear de toda esa responsabilidad. Tu pareja es un enemigo al que hay que controlar (y, si es necesario, denunciar), tu hogar es una prisión de la que hay que escapar y tus hijos son una carga que hay que repartir o, si es posible, evitar. 
"Divide y vencerás", decía Julio César primero y defendía Nicolás Maquiavelo después.

Además, ahora se promocionan hasta la saciedad otros tipos de festifamilias que te pueden proporcionar alegría y diversión sin ningún tipo de preocupación. "Pan y circo", decía el poeta Juvenal.

El trabajo os hará libres, te dicen una y otra vez, que hay mucha gente a la que mantener. No permitas que tu pareja trabaje para ellos más que tú, porque eso fomenta la desigualdad. Tu hogar, tus hijos, tu pareja y tu familia en general, son cosas que hay que evitar porque te privan de la libertad que supone ir a trabajar.

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Las ovejas temen al lobo, pero es el pastor quien se las come.