Cordón Sanitario

Cordón Sanitario

Hay expresiones que, de tanto repetirlas, terminan pareciendo normales. Incluso razonables. Incluso democráticas.
Una de ellas es "cordón sanitario". Y quizá haya llegado el momento de preguntarnos qué significa realmente.
Porque un cordón sanitario no es un argumento. No es una idea. No es una respuesta. Es una frontera. Una frontera que alguien decide colocar entre "nosotros" y "ellos".

CORDÓN SANITARIO A LA DEMOCRACIA
La democracia tiene una característica bastante incómoda: no garantiza que nos guste lo que decidan los demás. Garantiza que puedan decidir. Y eso cambia completamente las cosas. Porque la democracia no fue inventada para que todos pensáramos igual. Ni para que solamente pudieran participar quienes comparten unas mismas ideas. Ni para que determinadas opiniones fueran consideradas suficientemente dignas como para formar parte del debate y otras fueran enviadas al vertedero de lo inadmisible.

La democracia consiste precisamente en convivir con el desacuerdo. Con el desacuerdo que nos gusta. Con el desacuerdo que soportamos. Y también con el desacuerdo que nos irrita. Por eso resulta, cuando menos, extraño presentar un "cordón sanitario" como una defensa de la democracia.

Porque cuando alguien decide que una determinada parte de la sociedad debe quedar aislada del resto, está haciendo algo bastante más importante que rechazar unas ideas. Está estableciendo quién puede formar parte del espacio democrático y quién no. Está dibujando una línea. De este lado, los aceptables. Del otro, los que deben ser aislados.

Y entonces quizá convenga formular una pregunta muy sencilla: ¿Quién ha concedido a nadie el derecho de decidir dónde debe colocarse esa línea? Porque si aceptamos que unos pueden poner hoy el cordón alrededor de otros, mañana tendremos que aceptar que otros puedan ponerlo alrededor de nosotros. Y entonces descubriremos que los principios tienen una desagradable costumbre: funcionan también en sentido contrario.

CORDÓN SANITARIO A LOS CIUDADANOS
Pero hay algo que parece olvidarse con demasiada facilidad. Las ideas no votan. Los partidos no votan. Los ciudadanos votan. Detrás de cada opción política hay personas. Personas que pueden pensar de otra manera. Personas que no necesitan permiso de nadie para pensar como quieran.

Y aquí aparece una de las grandes miserias del cordón sanitario. Porque quien lo establece suele convencerse de que está poniendo una barrera alrededor de unas siglas. Pero las siglas no viven solas. Al otro lado hay personas. Y esas personas pueden ser muchas. Pueden ser pocas. Pueden ser mayoría. Pueden ser minoría. Eso debería ser irrelevante. Porque la dignidad de un principio democrático no depende de cuántos ciudadanos haya al otro lado.

CORDÓN SANITARIO A LA LIBERTAD DE PENSAMIENTO
Y llegamos al lugar donde la cosa empieza a ser verdaderamente preocupante. Porque un cordón sanitario puede rodear un partido. Puede rodear a un grupo. Puede rodear a unos ciudadanos. Pero también puede rodear una idea. Y cuando eso ocurre, ya no estamos hablando solamente de política. Estamos hablando de libertad.

No hace falta prohibir una idea para limitarla. A veces basta con conseguir que nadie quiera escucharla. No hace falta censurar una opinión. Basta con conseguir que quien la pronuncia sea inmediatamente señalado. No hace falta quemar un libro. Basta con conseguir que nadie se atreva a abrirlo. No hace falta prohibir que alguien piense. Basta con convencerle de que determinadas cosas no deben pensarse.

Y entonces el cordón ya no rodea a una persona. Rodea al pensamiento. Eso sí debería preocuparnos. Porque el pensamiento libre no necesita permiso. No necesita certificado de corrección. No necesita pasar un examen ideológico antes de entrar en la conversación. Una idea no se vuelve verdadera porque sea aceptada. Ni falsa porque sea rechazada. Las ideas deberían enfrentarse a otras ideas.

¿QUÉ CLASE DE PERSONA PONE UN CORDÓN?
Y quizá haya llegado el momento de formular la pregunta que realmente importa. ¿Qué clase de persona se permite poner un cordón sanitario a las ideas de los demás? ¿Qué clase de persona se arroga el derecho de decidir qué pensamientos pueden circular libremente y cuáles deben ser aislados?

¿Qué clase de personaje se cree con autoridad moral para establecer un cordón sanitario contra la libertad de pensamiento de los demás? La historia de la humanidad está escrita con cicatrices provocadas por "sanitarios" de este pelaje.

----------------------
"Primero vinieron por los socialistas, y guardé silencio porque no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos, y no dije nada porque no era judío.
Luego vinieron por mí, y para entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre".
(Martin Niemöller)