Por Qué

Por Qué
Por qué tus labios me niegan
lo que tus ojos me gritan
Por qué callan tus palabras
y tus miradas me excitan
Por qué saber no puedo
lo que inflama tu interior
si a mí también de ese ardor
me consume el mismo fuego.

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Yo no quiero saber por qué lo hiciste
Yo no quiero contigo ni sin ti
Lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes
Es que mueras por mí (Sabina).


Virgen Del Mar

Virgen Del Mar

Es ya la hora de zarpar y ella contempla, envuelta en su impresionante melena de fuego, a una distancia entre la lejanía y el desgarro, el siempre angustioso momento de la despedida. Intuye que tal vez sea una despedida definitiva, siempre pasa lo mismo, han pasado juntos unos días irrepetibles y han desaprovechado ocasiones únicas sin darse cuenta de que un beso que no se da es un beso perdido, una travesura que no se hace es un momento que nunca volverá. Y mientras el navío inicia las maniobras de desamarre, ella recuerda el nombre de aquellas dos cafeterías en las que se cogieron las manos con dulzura, una de nombre Carpe Diem y otra cuya gracia era Tempus Fugit. El tiempo pasa deprisa y hay que aprovechar el momento cuando se presenta. Pero tal vez ya era tarde… tal vez. 


Bajo una imponente estatua de la Virgen del Mar, él trató de despojarla de su prenda más íntima para llevársela como recuerdo… la Virgen todavía está llorando porque a la mujer del pelo de fuego no le pareció ni el momento ni el lugar adecuado para una travesura así… Lo cierto es que la Virgen, curada ya de espanto ante la visión del mundo en el que vivimos, habría estado encantada de ver a una pareja de enamorados adultos comportándose como auténticos adolescentes en un picante juego amoroso. 

Y ahí está ella, con ese vestido ajustado marcando su figura como una segunda piel… ¡cómo le habría gustado a él ser el forro de su vestido y envolver su cuerpo tembloroso mientras le diría al oído “no llores, cielo, pronto volveré”!

Entre orgulloso y roto por la marcha, él nota a sus espaldas la envidia amable de sus compañeros de viaje. Zarpar siempre es duro, pero cuando una mujer así te despide en el puerto, el dolor es inimaginable. Dice la canción "...los marineros se vuelven locos, y hasta el piloto pierde el compás..." Esa noche él tendrá, y seguramente sus compañeros también, sueños intensos con ella... no le importa, él la quiere, ella le quiere… que disfruten en su imaginación de unos momentos que sólo él vivirá de verdad, porque ella es sólo de él y él es sólo de ella.
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Carpe diem, tempus fugit.


El Balcón Y La Dama

El Balcón Y La Dama
La plaza tiene un balcón, el balcón tiene una dama, la dama una ilusión.
Hoy llueve, casi nunca llueve, pero hoy lo hace, gracias a Dios, llueve en su plaza y llueve en su balcón. Es la plaza un entrañable rincón, una extensión de la casa por donde pasean caras familiares y buena gente, las más.

Protegidos junto a la esquina, tres músicos callejeros ofrecen su serenata habitual con más voluntad que acierto, pero alegran la calle con sus sombreros festivos y sus guitarras añejas. A cambio sólo esperan alguna moneda, pero lo cierto es que no tiene precio poder disfrutar desde el balcón, mientras ella cocina, de ese espectáculo fresco y alegre, fresco como el día, alegre como su corazón.
Los paraguas, casi nuevos por falta de uso, salen a disfrutar su momento de gloria mientras cobijan bajo su abrazo a esa pareja ya madura, que la lluvia obliga a mantenerse cerca uno de otro, y es que Cupido tiene mil recursos para acercar a la gente destinada a entenderse. 
Bajo el toldo del restaurante se alcanza a adivinar una joven pareja cogiéndose las manos explorando nuevos caminos, caminos que les darán alegrías y también les romperán el alma, pero sólo cuando se te rompe el alma te das cuenta de que la tienes y de que necesita cuidados especializados.
Testigos inmutables, las maniquíes del escaparate visten sus mejores galas y contemplan a la gente pasar, ¡qué guapas están!
 

Pero más guapa está ella, en su balcón, viendo la plaza llover, la música bailar, la gente pasar, las maniquíes mirar… por la tarde llegará él, y ese guisado le está quedando de escándalo, de bueno que está.
 

La plaza tiene un balcón, el balcón tiene una dama, la dama una ilusión.

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No quería enamorarme… pero me sonreíste.


Por Azar

Por Azar
Las personas entran en tu vida por una razón, por una estación o por una vida entera. Cuando percibas el motivo, vas a saber qué hacer con cada persona.
Por una razón 
Es generalmente para llenar una necesidad que has demostrado tener. 
Ellas vienen para ayudarte con una dificultad, proporcionan apoyo y orientación, ayuda física, emocional o espiritual.
Podrán parecer un regalo de Dios... ¡y lo son! Entonces, sin ninguna actitud errónea por tu parte, o en una hora incierta, esa persona dirá o hará alguna cosa para que la relación llegue a su fin.
Algunas veces, esas personas mueren. Algunas veces, simplemente se van. Algunas veces actúan y te fuerzan a tomar una posición.
Lo que debemos entender es que nuestras necesidades han sido atendidas, nuestros deseos cumplidos y el trabajo de ellos hecho.
Y ahora, es tiempo de marcharse.
Por una estación
Es porque llegó la hora de repartir, crecer y aprender. Ellas te traen la experiencia de la paz o te hacen reír. Ellas te podrán enseñar algo que nunca has hecho. Ellas, generalmente, dan una enorme cantidad de placer.
Es real, pero solamente por una estación.
Por una vida entera
Enseñan lecciones para toda la vida.
Cosas que debes construir para tener una formación emocional sólida. Tu tarea es aceptar la lección, amar a la persona y poner en práctica lo que has aprendido en todas tus otras relaciones y áreas de tu vida.

Paulo Coelho
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Cuando crees tener todas las respuestas, la vida te cambia las preguntas.

El Problema Sumerio

El Problema Sumerio
La civilización sumeria es la primera y más antigua del mundo y se desarrolló en la antigua Mesopotamia (actual Irak) entre los ríos Éufrates y Tigris. Sin embargo, este pueblo no es autóctono de esa zona, ya que su escritura no está emparentada con ninguna otra, ni los cráneos encontrados de aquella época se parecen a ninguno de su entorno, por lo que aparecieron allí de repente, hacia el año 3.800 a.C., procedentes de algún otro sitio.

Las miles de tablillas de arcilla encontradas en la zona relatan con escritura cuneiforme historias de reyes (que descendieron del cielo) con fechas imposibles, llevándonos hasta 450.000 años antes del diluvio, que se contradicen con cualquier conocimiento histórico actual. Cuentan también cómo los dioses tomaron criaturas de la tierra poco evolucionadas y mezclándose con ellas engendraron seres, a su imagen y semejanza, suficientemente inteligentes para que pudieran serles útiles y trabajaran para ellos.

“Y los Vigilantes hijos del cielo las vieron y las desearon, y se dijeron unos a otros: vayamos y escojamos mujeres de entre las hijas de los hombres y engendremos hijos... Y eran en total doscientos los que descendieron sobre la cima del monte que llamaron Hermon... Todos y sus jefes tomaron para sí mujeres y cada uno escogió entre todas y comenzaron a entrar en ellas y a contaminarse con ellas, a enseñarles la brujería, la magia y el corte de raíces y a enseñarles sobre plantas”. (Libro de Enoc).
Muchos de los personajes e historias que aparecen en el Antiguo Testamento son una copia casi literal de los relatos de las tablillas sumerias, como la historia de la creación del hombre a partir del barro, o de la mujer a partir de la costilla del hombre, la expulsión del Paraíso o el mismo Diluvio Universal.
"Y Jehová pasó a decir: "Mira que el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal. No vaya a ser ahora que tienda la mano del árbol de la vida y comiendo de él viva para siempre". Jehová le echó del Jardín del Edén para que cultivara el suelo del que había sido tomado. Expulsó al hombre del Jardín del Edén y puso delante de él querubines blandiendo flameante espada para guardar el camino al árbol de la vida". (Génesis).

Entre otras cosas, los sumerios inventaron la escritura, la rueda, la medicina, las matemáticas, la astronomía, el ábaco, el reloj, el calendario, el torno de alfarero, el ladrillo, el arado, la agricultura, la ganadería, la metalurgia, la cerveza y el carro de guerra.
El imperio sumerio desapareció hacia el año 1.750 a.C., cuando fue conquistado por el ejército de Hammurabi, rey de Babilonia, pero no así su cultura, que permaneció viva durante siglos.

El pueblo sumerio apareció de repente, como caído del cielo, sin conocerse un proceso evolutivo previo en lo que a conocimientos se refiere y sin que hasta la fecha se sepa su procedencia, y desapareció de la misma manera.

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No esperes a que las cosas sucedan: sal y haz que sucedan

Arriar La Vela


Arriar La Vela
Llevaba mucho tiempo sin tocar puerto, y el enhiesto mástil se estaba resintiendo del esfuerzo constante de tener que soportar la presión de la blanca vela henchida por los vientos, unas veces huracanados, otras moderados, a trompicones las más. No le importaba dejar la nave al pairo durante largos períodos, o navegar sin rumbo hacia cualquier parte que las aguas le llevaran... no necesitaba arribar a puerto alguno para sentirse feliz... “Son mi música mejor aquilones” que decía Espronceda. Aquilón era el dios romano de los vientos del norte, fríos y tempestuosos, pero Espronceda se refería al ruido que hace el viento al hacer flamear la vela, casi hasta rasgarla, con cada una de sus embestidas.

Oyó a veces cantos de sirenas, y tentado estuvo de acercarse a la costa... pero las rocas de afiladas aristas podrían poner en peligro la flotabilidad de su nave, como les había ocurrido a otras naves con anterioridad, así que, como Ulises, se resistió a la tentación de arribar a sus orillas por temor a encallar, lo cual no era óbice para que le gustara oír sus cantos seductores.

Al final encontró un puerto discreto, seguro, tranquilo, con encanto y sin marineros sedientos de juergas etílicas que ensuciaran sus calas de arena suave y tardes susurrantes... y pudo al fin amarrar la nave y descargar al enhiesto mástil de la presión de la blanca vela henchida por los vientos, los malos vientos. “Que tú eres el mar... que yo soy la arena”.
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“Aquella noche corrí el mejor de los caminos, montado en potra de nácar, sin bridas y sin estribos”.
 

La Melena Del León

La Melena Del León
Cada mañana se atusa la melena para sacarle brillo y la sacude al viento para darle volumen y tener así un aspecto imponente. Cuando ruge lo hace con un sonido grave y potente, de manera que parezca un ser invencible y temible. Eso es todo lo que necesita para vivir como un rey, el rey de la selva.
Ser el macho de la manada es un chollo. La leona sale de caza, pare las crías, las alimenta, las protege y combate en las batallas contra los enemigos de la manada. Él rara vez tiene que participar en alguna contienda, ya que normalmente le basta con aparecer con su porte altivo y emitir un sonoro rugido, o bostezo, que no es fácil distinguirlos, y con eso ya tiene el trono ganado.
Tener ese porte le da derecho también a beneficiarse a la hembra que le plazca, que accederá gustosa hasta que aparezca otro león con la melena más lustrosa. Por eso es tan importante tener una buena melena y exhibirla con orgullo por las sabanas.

Recuerda aquel antiguo compañero de andanzas que descuidó su melena y tuvo que soportar los ataques de su hembra, que acabó marchándose con otro macho más altivo. De nada le sirvió ser el padre de sus crías o haberla protegido durante muchas estaciones. Cuando un león pierde la melena pierde también el derecho a copular y el derecho a tener una familia.

O aquel otro que perdió sus crías en un descuido, que aprovechó una hiena de repugnante aspecto. Las hienas suelen trabajar al descuido y se alimentan de las piezas cobradas por los leones, a quienes se atreven incluso a enfrentarse para arrebatarles sus presas. Cuando salió a buscar a sus crías se produjo una encarnizada batalla en la que la hiena perdió una de sus patas delanteras, pero encontró a sus crías en tan lamentable estado que ni siquiera le mereció la pena intentar recuperarlas.

Así que, aprendiendo en cabeza ajena, cada mañana sube a lo alto de la colina y pone su melena al viento, con rugido ensordecedor y mirada atenta, para anunciar que es el rey de la selva y que tiene derecho a todo aquello que le plazca. ¡Y pobre de quien se atreva a desafiarle!

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Guárdame de las aguas mansas, que de las bravas ya me guardo yo.

Oh Capitán, Mi Capitán

Oh Capitán, Mi Capitán
¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán! Nuestro viaje ha terminado; el buque tuvo que sobrevivir a cada tormenta, ganamos el premio que buscamos; el puerto está cerca, escucho las campanas, todo el mundo está exultante, mientras siguen con sus ojos la firme quilla, el barco severo y desafiante:

Pero ¡Oh corazón! ¡Corazón! ¡Corazón!
oh, las lágrimas se tiñen de rojo,
mi Capitán está sobre la cubierta,
caído, muerto y frío.  

Robin Williams ha muerto.
¡Oh Capitán, Mi Capitán!

- El profesor John Keating nos enseñó en “El club de los poetas muertos” que hay que tomar el camino menos transitado, mirar las cosas desde encima de la mesa, vivir el momento (carpe diem), llegar al final de tus días con la sensación de no haber dejado nada por hacer, extraerle todo el meollo a la vida y ser verdaderamente un dios.
- Peter Pan nos enseñó en “Hook” a salir de la rutina diaria para poder ser protagonistas de las fantasías de nuestros hijos y viajar al País de Nunca Jamás, adonde se llega girando en la segunda estrella a la derecha y volando hasta el amanecer.
- Andrew nos enseñó en “El hombre bicentenario” que hasta un robot puede aprender a amar a una mujer hasta el mismo momento de partir.

Gracias por haber existido; te echaremos de menos.

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Toma las rosas mientras puedas
veloz el tiempo vuela
la misma flor que hoy admiras
mañana estará muerta.

Gateando

Gateando
No sé bien cómo sucedió, el caso es que en un instante me vi desparramada en el suelo de la acera mojada, después de haber caído desde el balcón un día de lluvia intensa. Afortunadamente, mi caída quedó amortiguada por un toldo que se encontraba abierto, pero el trayecto final hasta el suelo lo hice en dura caída libre. Dicen que los gatos tenemos siete vidas, pero yo no lo tenía tan claro viéndome allí, estrellada contra el suelo, dolorida, completamente empapada y muerta de frío.
Entonces todavía era un bebé y recuerdo aquel día como si fuera hoy, que ya soy mayor y cuento con casi un año de vida, de mi segunda vida.

Desde que me adoptó mi dueña, nunca había salido de casa y aquella primera salida no fue precisamente agradable. Por la acera discurría un río de agua que amenazaba con arrastrarme hacia lo que seguramente habría sido mi final, así que me rufugié subida en la rueda de un coche aparcado junto a la acera frente al portal de mi casa. Allí hacía calor y evitaba tanto la lluvia como la corriente de agua que avanzaba amenazadora por el suelo. Pero no sabía qué pasaría conmigo. Estaba empapada, aterida de frío, magullada, asustada, sin saber qué hacer y con la certeza de que nunca más volvería a ver a mi hermano mayor, más prudente que yo, que se había quedado en casa.

En mi improvisado refugio me iba secando y recuperando del tremendo dolor de costillas que tenía por el golpe recibido en la caída y estuve mucho tiempo viendo pasar los pies de la gente sorteando los charcos de la calle. Nunca más volvería a ver a mi querido hermanito y compañero de juegos, nunca más volvería a acurrucarme en el sofá disfrutando de las caricias de mi dueña, que tantas veces se ponía a bailar y a cantar mientras me sujetaba en sus brazos y me llenaba de besos.

De pronto oí su voz desesperada gritando mi nombre por la calle. Mi hermanino se acercó a ella en cuanto llegó a casa y no la dejaba avanzar, colocándose siempre delante de sus pies para que le prestara atención. Ella enseguida se dio cuenta de que algo pasaba, ya que aquél comportamiento de mi hermano queriendo llamar su atención de esa manera era muy raro. Me buscó por la casa gritando mi nombre y cuando vio que la puerta del balcón estaba abierta sospechó lo peor, así que salió corriendo a la calle gritando angustiosamente mi nombre.
Yo la llamé sin atreverme a salir de mi escondite y ella reaccionó con alegría y alivio repitiendo mi nombre sin parar una y otra vez. Asomé una patita y ella alargó su mano para recuperarme y sacarme de allí. Me apretó contra su pecho -contra sus pechos- con tanta fuerza que casi consigue lo que no consiguió la propia caída desde el balcón.

Desde entonces, cada mañana me subo a su cama para despertarla con besos y lametones en número exagerado, lo sé, pero es que es también exgerado el agradecimiento y el cariño que siento por ella, mi salvadora, mi compañera de baile, mi proveedora de caricias, mi querida madre adoptiva.

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No quería enamorarme, pero me sonreíste.

Hay Amores

Hay Amores
 
Hay amores de la infancia, nobles, grandes, imposibles. No crees que la edad sea un obstáculo, pero lo es. Cuando tienes nueve años y ella treinta, lo es. Tal vez con el tiempo...
Hay amores juveniles, inquietos, incluso violentos si tienes que defenderlos de intrusos. Ya te ves sobre la roca, victorioso, espada en alto y su cabeza apoyada en tu pecho jadeante y sudoroso.
Hay amores realistas, hipotecados, familiares, de cumpleaños, de fiestas navideñas, de cuñadas, de malentendidos, de gastos escolares, rutinarios.
Hay amores imposibles, silenciosos, secretos, que habitan en el interior de tu mente y crecen ocultos en el hogar de tu corazón.
Hay amores pasajeros, que llegan, besan y se van sin dejar huella.
Hay amores cómplices, que incluso perdidos entre la multitud de un evento social son capaces de fundirse en un íntimo abrazo sólo con mirarse.
Hay amores prohibidos que te alteran la agenda y el ritmo del corazón.
Hay amores dolorosos, que pudieron ser y no fueron, que fueron y se perdieron, que se perdieron y se olvidaron. ¡Y eso que eran para siempre!
Hay amores sabios, maduros, que huyen de lo convencional, saben lo que quieren y prescinden de lo superfluo. Los años sirven para aprender.
Hay amores apasionados inspirados en el infierno, cuya llama muestra siempre colores nuevos y matices desconocidos. No tienes la menor intención de salir de allí.
Y hay amores eternos, inacabados, siempre abiertos. No apuras la taza para que dure siempre, y la envuelves con tus manos para que permanezca caliente.
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Pruébate mis labios, creo que son de tu talla.