Pensión Alimenticia

Pensión Alimenticia 
Cuentan que el león mata a las crías de la leona para que esta sienta de nuevo la necesidad de ser fecundada, y así el león se la puede beneficiar. Son las leyes de la naturaleza. A la hembra le mueve el instinto maternal y al macho le mueve el “aquí te pillo y si te he visto no me acuerdo”.

Cuentan que la mantis, muy religiosa ella, una vez que ha seducido al macho y ha conseguido que este la fecunde, lo mata y se lo come sin misericordia, sin tener en cuenta que es el padre de sus hijos. Son las leyes de la naturaleza. A la hembra le mueve el instinto maternal y una vez conseguido su objetivo se lo manduca a modo de pensión alimenticia que el macho le tiene que pasar a la hembra.

Cuentan que la naturaleza es sabia, pero hay veces que no la entiendo.

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Ella me dijo: “haz conmigo lo que quieras”... y yo la cuidé.


Llama Encendida

Llama Encendida

A tus puertas llamé
con la llama de mi amor encendida.
Vuelve otro día, dijiste.
Y yo allí, cuitado de mí,
con el pelo mojado y mi llama encendida.
Hacía frío, y llovía.

(Templar)
 
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Cambiemos a las personas que nos hacen perder el tiempo por aquellas que nos hacer perder la noción del tiempo.


Amor Amargo


Amor Amargo
Tomás y Teresa viven al fin retirados en un pequeño pueblo mientras juegan con Karenin, próximo a morir de cáncer, para hacerle sus últimos días más llevaderos. Karenin es su perro, y le quieren como a un miembro más de la familia. Muchas personas hoy día encuentran en sus perros mucho más amor y compañía que la que les haya ofrecido jamás ninguna otra persona. Después de tanta fiesta, después de tanto jolgorio y salidas nocturnas, al llegar a casa se encuentran con la más absoluta y brutal soledad, que les golpea la cara y el corazón sin piedad, soledad aliviada unicamente por sus fieles y peludos compañeros de vida.
 
Tomás, Teresa y Karenin son personajes de la novela “La insoportable levedad del ser”, del escritor checo Milan kundera. Trata en ella los conflictos de la vida en pareja, tanto en el plano sexual como afectivo, todo ello dentro de una reflexión más amplia y profunda sobre la inutilidad e inconsistencia de la propia existencia del ser humano.

Mientras me recreo con las descripciones de los sentimientos que les produce su recién estrenada vida campestre, hago un alto para tomar un sorbo de whisky y retomo de nuevo la lectura. Leo una página, y sólo cuando termino la página siguiente me doy cuenta de que ya había leído la página anterior, y también la siguiente, y ni siquiera me había enterado del texto. Había empezado a leer y a perderme en un bosque de líneas bucólicas mientras oía una suave música de jazz de fondo... había estado leyendo mientras mi imaginación volaba hacia otras historias, había entrado en un proceso de lectura automática mientras oía música, bebía un sorbo de whisky y recordaba historias lejanas. Dos páginas enteras había leído sin ser consciente de lo que leía.  Me había transportado a una situación lejana, también en un pequeño pueblo, un pueblo húmedo y frío que hace de la chimenea de aquella casa de campo un lugar idílico al llegar la noche.
 
Terminada la jornada, en la vieja cama de la habitación el colchón se hunde y los muelles chirrían, lo que obliga al matrimonio a dormir pegados en el centro hundido de la cama, que tampoco es mala idea, dado que hace frío y el calor de la chimenea no llega más que al salón, dejando el resto de las habitaciones de la casa huérfanas y desangeladas.
El frío y el obligado abrazo hacen que suceda lo inevitable, a oscuras, casi de mala gana... hace ya años que apenas se hablan.
Es una situación incómoda, indigna, deshonesta... apenas se soportan después de tantos años de convivencia... pero la casa está fría y sola... y en la calle se oye llover. Por un momento fingen que se quieren, tal vez para hacer de aquello algo digno y no sentirse culpables. Es una situación sucia, sin duda, una situación húmeda que sólo la soportan porque están a oscuras. Sólo así, en la oscuridad, con aquel frío que calaba hasta el alma, hundidos en el centro del colchón y los muelles chirriando al ritmo de sus gemidos, fingiendo que por un instante se querían... podían soportar aquel momento del que sin duda al día siguiente se arrepentirían.
 
Con el nuevo día las cosas se verán de otro color, se verán como siempre y apenas se cruzarán la mirada, tratando de ignorar lo que había sucedido en aquella noche fría, lluviosa y de gemidos húmedos.
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"Arte extraño el de nuestras necesidades, que trueca en preciosas las cosa más viles".


Pigmalión


Pigmalión

Fue Pigmalión un rey chipriota que quería casarse, con la condición de que la mujer con la que lo hiciera fuera perfecta. Pero no la encontró. Podrás comprar huevos grandes, medianos, o pequeños, frescos, en oferta, o a punto de caducar, pero siempre los comprarás marrones… porque ya no los hay blancos.

Harto de buscar en vano esa mujer perfecta, decidió dedicarse a esculpir bellas estatuas de mujeres, hasta que consiguió reproducir la mujer de sus sueños, a la que llamó Galatea. Tan perfecta le quedó, que de ella se enamoró. Pigmalión tuvo un sueño, y soñó que Galatea cobraba vida… pero se despertó. Conmovida Afrodita por el amor que sentía por aquella mujer de su creación, le dio vida, y así Pigmalión pudo amar a la mujer perfecta, la mujer que él mismo esculpió.

Había un hombre que se enamoró de una bonita mujer. Tenía una sonrisa embriagadora y una dulzura sin par, simpática y atractiva a rabiar. La sedujo, la conquistó… temía que a otros hombres les sucediera lo mismo que a él, así que poco a poco la fue cambiando por miedo a perderla. Le pidió que no sonriera tanto, que no vistiera tan atractiva, que contuviera sus encantos… Ella, por amor, se fue transformando al gusto de él. Al final no quedó nada de lo que de ella le enamoró… y ya no le gustó.

Más le habría valido mejorar él para poder superar a cualquier posible rival, en lugar de estropear aquella bonita flor que le enamoró. A veces Pigmalión trabaja al revés, y esculpe una mujer imperfecta para no perderla, en lugar de mejorar él.
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Cuando te gusta una flor, la cortas y te la llevas a casa, pero cuando de verdad la amas, la riegas para que crezca.

 

Penélope

Penélope

La Luna hace el lunes, como Marte hace el martes y Mercurio el miércoles, del mismo modo que Júpiter hace el jueves, Venus el viernes y Saturno el sábado… pero el domingo eres tú, el Sol, un sol radiante que con su mágica sonrisa ilumina todo el firmamento.


Los días de la semana adoptan forma de planeta y giran a tu alrededor para disfrutar de tu luz, de tu belleza, de tu alegría y de tu calor. Incluso los que ni día de la semana tienen, como Urano, Neptuno o Plutón, giran también a tu alrededor, sin esperanza, para recoger las migajas de luz que les pueda llegar.

El engreído Júpiter pretende incluso llamar tu atención sacando músculo en vano, queriendo estar a tu altura y pretendiendo bailar contigo un baile íntimo envuelto en cálido aroma de café. Todos ellos están agotados de cortejarte en vano, están yermos, abrasados por tu calor y deslumbrados por tu luz, una luz que no pueden soportar… pero renuevan sus esperanzas con cada llegada de un nuevo día.

Por la noche desapareces para destejer las ilusiones que tejiste durante el día, como Penélope en su reino de Ítaca, que por la noche deshacía el traje de novia que confeccionaba durante el día para así mantener ilusionados indefinidamente a todos sus pretendientes… por qué elegir un planeta pudiendo tenerlos todos.

Llaman a tu puerta y, como es martes, piensas que es el amante marciano quien viene a seducirte… pero no es Marte, es un planeta nuevo, nuevo, al menos, para ti. Tiene ríos y mares, valles y montañas, peces y aves, flores y rocas, cascadas y playas de arena fina… “que tú eres el mar, que yo soy la arena”.

Y tiene rosas armadas con espinas como espadas… la rosa para enamorar a su amada, la espada para defenderla. Le deslumbras con tu luz, le embriagas con el veneno de tu sonrisa... te corteja como el resto… le desdeñas como al resto.

Entonces aparece la Luna, pequeña, delicada, menuda, y saca pecho interponiéndose en tu camino de destrucción hacia ese planeta al que ama en secreto. Sin que tú lo sepas, cuando te retiras por la noche a deshacer el traje de novia que tejes durante el día, ella te roba un poco de luz para entregársela a su amado… no le importa iluminar su vida con luz ajena, así de abnegado es su amor. Es esa luz ajena robada al sol para agradar a su amado lo que inspiró al poeta aquello de “la Luna en el mar riela, en la lona gime el viento, y alza en blando movimiento olas de plata y azul”.

Cuando ve a su amor en peligro, se interpone en tu camino y hasta eclipsa completamente tu poder, ahogando en el vacío tus poderosos rayos de luz, así de fuerte es el amor. Sacando pecho te señala con su dedo amenazante y te advierte: Domingo de fiesta y espeto, de pieles quemadas y planetas yermos, deja que germine en él la vida, deja que crezca en su interior la poesía, deja que estalle en su corazón el amor… si no lo quieres tú… lo quiero yo.
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A tus puertas llamé con la llama de mi amor encendida.
Vuelve otro día, dijiste.
Y yo ahí, cuitado de mí, con el pelo mojado y mi llama encendida.
Hacía frío, y llovía.



Futuro Imperfecto

Futuro Imperfecto
Viendo a mi madre en la camilla de la UVI del hospital, me viene a la memoria esa misma escena junto mi padre, hace menos de dos años. Él ya se fue.
El monitor hace saltar las alarmas cada poco tiempo y las enfermeras cambian los electrodos y aprietan los botones de la máquina una y otra vez por si se tratara de falsos contactos de los cables. Tal vez.
Nos da lo que piensa que son sus últimas instrucciones y nos dice dónde tiene guardadas las cosas, nos dice también cómo tenemos que repartirlas y nos recuerda que próximamente hay que pagar el recibo anual de la comunidad de propietarios, para lo que ya tiene apartado el dinero. Se acerca la doctora y le dice que quiere una habitación grande para ella sola, que no quiere estar con viejas, como la última vez. Ella va camino de los noventa, pero no se considera en absoluto dentro de ese grupo. 
Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar”.

Aprovechando los tiempos muertos en el hospital, que ya sé que no es la mejor expresión en un lugar así, me pide una persona cercana que le ayude a buscar piso... le doy mi opinión sobre dónde comprarlo y de qué tipo, al tiempo que aprovecho para darle otras indicaciones varias sobre su futuro profesional... en el fondo sabe que tengo razón, pero se resiste. Sólo la acción produce resultados, le digo, pero la acción requiere planificación, esfuerzo y visión de futuro. Parece que no comparte mi criterio ni en lo uno ni en lo otro... dice que no conozco bien sus preferencias. Con una sonrisa irónica le digo que sólo conoce su yo presente, pero que desconoce su yo futuro. Mi madre participa en la conversación, que le sirve de entretenimiento y así no le presta atención a los pitidos de la máquina que vigila sus constantes vitales.

Lo de buscar piso es una idea a medio plazo, lo de la trayectoria profesional es una decisión a corto plazo... pero de momento va a hacer un pequeño viaje, aprovechando que le quedan unos días de vacaciones.
Le digo dónde hay un restaurante en el que puede hacer un alto durante su viaje y dónde hay un hotel agradable y aquilatado en el precio cuando llegue a su destino. Si decidiera ir a otro lugar seguramente también habría podido decirle dónde podría encontrar esto o aquello.
En este punto de la conversación aprovecho para volver a lo del piso y a lo de su futuro profesional... quería apartarme del tema hablándome de su próximo viaje de recreo, pero a mí me sirve para volver a él.

En muchos casos, lo que para unos es futuro, para otros pasado. El restaurante todavía está (presente) en el mismo sitio, estaba (pasado) cuando yo hice ese viaje y estará (futuro) cuando vaya cualquier otra persona. El futuro sólo es un lugar en el tiempo en el que todavía no has estado, pero donde ya han estado otras muchas personas con anterioridad.
Los consejos que damos a nuestros hijos son los mismos que nos dieron nuestros padres, los mismos que nuestros padres recibieron de los suyos, los mismos que...
Lo del libre albedrío, lo de “se hace camino al andar”, lo de labrarse uno mismo su propio destino es cierto... pero dentro de unos límites ya establecidos. Que no veas la carretera más allá de los siguientes doscientos metros no significa que no haya carretera más allá de tu propia visión, carretera que en el pasado ya recorrieron otros muchos conductores.

Podemos imaginar el futuro como el mapa de carreteras de cualquier país. Cuando arrancas el coche puedes elegir qué camino recorrer... pero cualquier camino que elijas ya existe y lo han recorrido millones de viajeros con anterioridad. Que tú elijas uno u otro es un ejercicio del libre albedrío... pero otra mucha gente ya ha estado en tu futuro. No importa que elijas un camino u otro, ya está previsto en el mapa de carreteras... incluso si decides hacer a pie tu propio camino monte a través... también hay un chiringuito con bocadillos y refrescos a mitad de camino.
Es como esos juegos modernos de las consolas... tú eliges cómo acaba la historia en función de cuántos obstáculos superes... el informático ha programado más de seiscientos finales posibles... pero tú no lo sabes, tú sigues pensando que eliges tu propio destino porque eres único y especial.

Tu futuro ya está escrito, cualquiera que sea que elijas, y otra gente ya ha estado allí.

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Me interesa el futuro porque es allí donde pasaré el resto de mi vida.

 

Sin Embargo

Sin Embargo
Después de quince años pagando la hipoteca de su casa llegó la policía para expulsarles de ella, con lo puesto, salvo el hijo pequeño, al que dejaron llevarse su peluche. Les expulsaron de su casa para entregársela al banco, al que debían ya tres meses de hipoteca, dado que al padre le habían despedido de la empresa hacía casi un año y no pudieron hacer frente a los últimos recibos. Hubo empujones y hasta porrazos porque se resistían a abandonar su casa. Expulsados de su casa por la policía porque le debían al banco tres meses de hipoteca.
Dicen que la policía no es responsable porque sólo cumple órdenes del juez.
Dicen que el juez no es responsable porque sólo cumple la ley.
Dicen que los políticos no son responsables porque han sido elegidos democráticamente y pueden aprobar cualquier ley que les plazca siempre que consigan en el parlamento los votos suficientes.
La ley es legal, porque la ha aprobado el parlamento democráticamente elegido por los ciudadanos. Oponerse al embargo es profundamente antidemocrático y quienes se oponen a él con vehemencia pueden acabar incluso con sus huesos en la cárcel.

Sin embargo, ningún ciudadano, ninguno, le ha dicho a sus representantes legales en el parlamento: 
Oye Patxi, que digo yo que tenéis que aprobar una ley que permita que los bancos te presten dinero de mentira, dinero que sólo existe en las pantallas de sus ordenadores, para que tú puedas comprar una casa de verdad y les devuelvas el préstamo con dinero de verdad, dinero obtenido fruto de tu trabajo.
Tenéis que aprobar una ley que diga que si te compras un piso de 200.000€ y has pedido al banco un crédito de 100.000€, cuando lleves quince años pagando cuotas, como los primeros años te cobran prácticamente sólo intereses, dejando para los últimos años la amortización del grueso del capital, al cabo de todos esos años pagando todavía les debas prácticamente todo el capital. Y que si te retrasas tres meses en los pagos se puedan quedar con todo el dinero que les has pagado hasta la fecha, se puedan quedar con tu casa de 200.000€ y todavía les debas prácticamente todo el capital que te prestaron, con sus intereses de demora correspondientes”.

Todo legal, que decía un conocido entrenador de fútbol:
El policía no es responsable del embargo que ha ejecutado.
El juez no es responsable del embargo que ha dictaminado.
El parlamento no es responsable del embargo que ha legislado porque lo ha hecho democráticamente, siguiendo las directrices de los ciudadanos a los que representa.

¿Seguro?
¿Y no será que los bancos han redactado la ley y les han dicho a los partidos mayoritarios “esto es lo que tenéis que aprobar en el parlamento, que nosotros os aseguramos vuestro futuro y vuestra jubilación, además de condonaros las deudas que tenéis con nosotros”?
Hemos visto en la televisión cómo asociaciones de empresarios envían faxes y emails indicando a los europarlamentarios -elegidos por los ciudadanos, no por las asociaciones de empresarios- qué es lo que deben votar sobre esto o aquello.

Si el banco redacta la ley, el parlamento la aprueba, el juez la hace cumplir y la policía la ejecuta... ¿no vamos necesitando los ciudadanos un banco propio, un parlamento propio, un sistema judicial propio y una policía propia? 


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El mejor momento para plantar un árbol fue hace veinte años... el segundo mejor momento es hoy.


Gargantúa

Gargantúa
Como cada año en las fiestas de Bilbao, vuelve el insaciable Gargantúa para comerse a los niños, cuanto más tiernos mejor. Junto al Gargantúa, llegan también los Gigantes y Cabezudos para golpear a niños y grandes con sus rudos globos hechos con tripa de cerdo... y pican los condenados cuando te golpean en las piernas... sobre todo si eres niño y llevas pantalón corto.
Gargantúa llega con hambre a Bilbao todos los años desde mediados del siglo diecinueve y ha sufrido distintos vaivenes desde entonces, a veces por alguna guerra, otras veces porque se quedaba perdido en algún almacén municipal... Debe su nombre a un personaje del escritor francés del siglo dieciséis, Rabelais. Gargantúa era un gigante que comía como tal, al igual que su hijo Pantagruel, de donde viene la expresión “una comida pantagruélica”.
Desde hace varias décadas Gargantúa vuelve a gozar de buena salud dada su dieta a base de niños tiernecitos que los padres le ofrecen en sacrificio cada año por las fiestas.

Para los mayores es un juego divertido... pero vete tú con cuatro o cinco años y métete por esa bocaza llena de dientes y ese túnel oscuro... ¿y si me meto y no salgo? Tus padres te dicen que hay un tobogán y que sales por un orificio que hay donde la espalda pierde su honesto nombre, que ellos te esperan allí... ¿seguro?
Al final te decides, entras por la boca... no se cierra ¡menos mal! y te lanzas de cabeza por aquel tobogán oscuro... al fondo no se ve nada... ¿seguro que hay salida? Y sí, después de una inquietante caída cuesta abajo aterrizas violentamente sobre una colchoneta... y se hace la luz. ¡Dios qué subidón! Hoy he sido un valiente y cuando vuelva al barrio se lo pienso contar a todos mis amigos.

Una mezcla de miedo y diversión ponen a prueba el valor de los niños, que experimentan así sus primeras experiencias adrenalínicas. Lo de correr delante de los Gigantes y Cabezudos tiene también su aquél. No está claro que puedas correr más que ellos, que te persiguen para golpearte con sus globos toscos y resistentes, y tampoco está claro que tus padres te puedan defender llegado el caso, dado que también les golpean a ellos... No, no está claro del todo que sea una fiesta... parecen de mentira pero... ¿y si no lo fueran? ¿Hay alguien debajo de esas ropas, o es que de verdad son así de grandes?

En cualquier caso, bienvenidos Gargantúa, Gigantes y Cabezudos, que dejan a los más pequeños extasiados y con la respiración contenida mientras se agarran con fuerza a sus padres... por si acaso.

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Para conocer la calidad del mar no hace falta analizar todo el agua, basta con tomar pequeñas muestras de aquí y de allí.


Por Qué

Por Qué
Por qué tus labios me niegan
lo que tus ojos me gritan
Por qué callan tus palabras
y tus miradas me excitan
Por qué saber no puedo
lo que inflama tu interior
si a mí también de ese ardor
me consume el mismo fuego.

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Yo no quiero saber por qué lo hiciste
Yo no quiero contigo ni sin ti
Lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes
Es que mueras por mí (Sabina).


Virgen Del Mar

Virgen Del Mar

Es ya la hora de zarpar y ella contempla, envuelta en su impresionante melena de fuego, a una distancia entre la lejanía y el desgarro, el siempre angustioso momento de la despedida. Intuye que tal vez sea una despedida definitiva, siempre pasa lo mismo, han pasado juntos unos días irrepetibles y han desaprovechado ocasiones únicas sin darse cuenta de que un beso que no se da es un beso perdido, una travesura que no se hace es un momento que nunca volverá. Y mientras el navío inicia las maniobras de desamarre, ella recuerda el nombre de aquellas dos cafeterías en las que se cogieron las manos con dulzura, una de nombre Carpe Diem y otra cuya gracia era Tempus Fugit. El tiempo pasa deprisa y hay que aprovechar el momento cuando se presenta. Pero tal vez ya era tarde… tal vez. 


Bajo una imponente estatua de la Virgen del Mar, él trató de despojarla de su prenda más íntima para llevársela como recuerdo… la Virgen todavía está llorando porque a la mujer del pelo de fuego no le pareció ni el momento ni el lugar adecuado para una travesura así… Lo cierto es que la Virgen, curada ya de espanto ante la visión del mundo en el que vivimos, habría estado encantada de ver a una pareja de enamorados adultos comportándose como auténticos adolescentes en un picante juego amoroso. 

Y ahí está ella, con ese vestido ajustado marcando su figura como una segunda piel… ¡cómo le habría gustado a él ser el forro de su vestido y envolver su cuerpo tembloroso mientras le diría al oído “no llores, cielo, pronto volveré”!

Entre orgulloso y roto por la marcha, él nota a sus espaldas la envidia amable de sus compañeros de viaje. Zarpar siempre es duro, pero cuando una mujer así te despide en el puerto, el dolor es inimaginable. Dice la canción "...los marineros se vuelven locos, y hasta el piloto pierde el compás..." Esa noche él tendrá, y seguramente sus compañeros también, sueños intensos con ella... no le importa, él la quiere, ella le quiere… que disfruten en su imaginación de unos momentos que sólo él vivirá de verdad, porque ella es sólo de él y él es sólo de ella.
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Carpe diem, tempus fugit.